Alguien dijo que escribir es la forma sana para desfogarse y no caer en tentaciones, lo publico para que sepan que el amor existe, pueden pasar muchas cosas en una relación como las que cuento y sí. Sí pueden seguir para adelante, no pierdan el rumbo, no se desenfoquen, no caigan en el alcohol, drogas, promiscuidad y tantos peligros.

Van a leer mensajes y espero que les ayude y les agrade.

Gracias por leer.

Larga Espera

Ya han pasado cincuenta y cinco días de nuestro acuerdo, aunque A. me dijo que no iba a estar en el lugar que acordamos, yo fui hasta Yanahuara porque sentí que debía cumplir el acuerdo, estuve una hora y media antes compré unas empanadas de carne para pasar el rato, y leí los libros que traje por el viaje, mientras esperaba allí vi muchas parejas de enamorados, ilusionándome cada vez más. Por primera vez vi parejas de todas las edades, primero vi a dos jóvenes que se sentaron en la banca al extremo del parque, ella recostada en la banca con la cabeza sobre las rodillas de su compañero, él acariciando su rostro, luego pasaron por ahí dos jovenzuelos que venían abrazados, unidos, inseparables, despidiéndose paseaban y se detenían para besarse, luego de eso el niño casi adolescente por lo menos de quince años los dos, se fueron para arriba y ella abordó su colectivo, luego pasaron por delante de mí una pareja de ancianos, bueno no pasaron de la mano pero venían juntos el señor ya muy cansado se detuvo y se sentó a mi lado, mientras que su señora fue a darle comida a las palomas, luego de quince minutos se retiraron, y al final cuando ya llegaba la hora de encontrarme con A. bajo de un colectivo una señorita de unos veinte años que se sentó en la banca situada por un tipo de monumento muy raro que parecía una ventana, estuvo allí unos quince minutos cuando de pronto apareció su novio, y partieron de la mano para luego caminar abrazados. Contaba los minutos, ya faltaban pocos… Hasta que por fin, las cinco de la tarde empecé a mirar a todos lados, a ver si se aparecía por alguno A. di una vuelta quería abrazarla, necesitaba abrazarla, pero, para después de unas cuantas vueltas ya habían pasado diez minutos, sentí desesperación, empecé a temblar, era la tercera vez que viajaba a Arequipa sin verla, volví a mi banca, esperé media hora y ningún rastro de ella, decidí pararme, con debilidad y delirio por llorar, pero bueno decidí llamarle pero tampoco me contestaba, ya de regreso al hotel y bajando las calles me dije –tal vez se retrasó y me está esperando, claro puede ser eso – volví desesperadamente para ver si había llegado, pero cuando llegué al parque no había nada.

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